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lunes, 26 de julio de 2010

Sólo es un charco y también se cruza al revés.

Hoy he cerrado esa puerta por última vez.
Y lo cierto es que me alegro.
Se acabó la soledad. Se acabó el vivir en el silencio más absoluto. Se acabó la impresión de no sentirme en casa. Se acabó el olor a humedad. Se acabó el eco de mis propias palabras rebotando contra las paredes. Se acabó la insoportable sensación de estar en esa casa vacía sin ti.

Volver se ha convertido, desde hace unos días, en una cuestión de necesidad, aunque eso no vaya a hacer que deje de echarte de menos.

Echo de menos los pellizcos. Las burlas sobre mi viejo plano del metro. Los chicles con sabor a Oraldine. Mi nuevo cepillo de dientes amarillo. Reírnos de los semáforos para bicis (con su conductor incluido). Los mensajes por debajo de la mesa. El crujir de tus huesos. El desayuno sobre la mesa del salón y el zumo recién exprimido. Engancharme a series horribles sólo por verlas contigo. Esperarte. Nuestro reflejo en los cristales del metro. Que me saques a bailar.

Entre toda esta incertidumbre que nos envuelve, creo que podría acostumbrarme, sin mucho esfuerzo, a tu innovador sistema de refrigeración, a tus rutinas de piel sensible, a tu pasión por youtube, a tus frases sin vocalizar, a tu obsesión por las zapatillas, a tu pasmosa facilidad para quedarte dormido, a bailar kizomba, a tus ronquidos, a vivir encerrada en un tren de cercanías.
Creo que podría acostumbrarme a ti. Y no por ello dejarías de sorprenderme.

A pesar de las espirales y los puntos muertos, sé que esto es lo que quiero.
Y también sé que hay demasiadas personas en esta ciudad que utilizan el mismo perfume que tú.

lunes, 1 de diciembre de 2008

¿qué sabes de mí?

Sé que te gustan los pollos del Dia. Eso iba en serio.
También sé que no haces la cama, generalmente. Que tienes un doble en un videojuego. Que te gusta jugar con tus rizos. Que ves Futurama y que te quedas con Bender, aunque prefieres al Pato Donald por encima de cualquier otro (incluso de Jafar). Que tienes un sombrero de estar guapo/a y te lo quitarías ante Sabina. Que te encanta el Rojo (TD). Que tienes que hacer las prácticas de monitor para poder alegrarme los campamentos. Que no te sienta bien el frío de León.
Además, sé que te aburre mi película favorita. Que a ti también te han roto el corazón. Que echas de menos. Que se te da muy bien mentir, y que tu mentira favorita es "ya te llamo yo". Que no existen los canallas ni los villanos (pero tu villano favorito es el Joker) . Que te pones tus gafas de pasta para ir de bohemio interesante. Que tocas la guitarra y compones, aunque digas que no se te da bien. Que no te gusta hablar de la familia, ni de cualquier otra cosa personal. Que te miras en los espejos porque vives rodeado de ellos, desde que te levantas hasta que sales por la puerta. Que tienes una banda de rock de orcos. Que sientes predilección por las caderas anchas, y los mofletes. Que escribes sin faltas de ortografía. Que Mississippi es más que un estado, o un río. Que todavía me debes un baile...


Y seguiré pensando.

jueves, 13 de noviembre de 2008

a pesar de todo, viviremos en nuestra República feliz

No te lo he dicho, pero me encanta hablar contigo sobre todo lo que nos pasa. Todo lo malo.
Y me gusta porque siempre acabamos dándonos cuenta de que, aunque llevemos días, semanas, meses sin vernos, podemos resumir nuestras historias en una sola historia común que, en el fondo, nos hace incluso gracia.
Es irónico cómo, las personas que no se querían ir, las que no se querían comprometer con nada, son aquellas que han cargado a sus espaldas un montón de maletas y cajas y las han colocado en otro lugar, lejos de aquí.
Y también lo es ver cómo, situaciones similares, avanzan y tienen un final feliz si se trata de los demás y acaban en el mismo punto de la espiral si se trata de nosotras.
O cómo un interés que parece mutuo (y bien digo, parece) acaba desencadenando otra de nuestras charlas, no más de 23 días después.
Entonces volvemos a preguntarnos qué pasa, qué hemos hecho mal esta vez (porque, a estas alturas, también aceptamos que hemos sido nosotras). Y así hasta... hasta que llegue la casa de los gatos, o la hora de vivir con una hermana gemela que cose calcetines.

Mi madre siempre me ha dicho aquello de "mal de muchos, consuelo de tontos". Y no es que me consuele pensando que no soy la única en esta situación, o que me alegre de que, precisamente tú, precisamente vosotras, estéis así, como yo. Pero es cierto que sería mucho peor si tuviera que montarme sola en esta noria (con plazas para cuatro).
Y, en el fondo, pasamos un buen rato dándonos cuenta de que somos un completo desastre para las relaciones, sean las que sean. Y nos reimos. Porque, ¿qué vamos a hacer si no reír?

Además, siempre he pensado (o he querido pensar) que el tiempo pone a cada uno en su lugar, que todo lo que hacemos, bueno o malo, nos viene devuelto de la misma manera. Así que, algún día, esos que están arriba, y no precisamente por méritos propios, bajarán. Y a nosotras nos tocará subir.

Y si no, ¿quién dice que no podamos ser felices en nuestra casa pintada de colores?

sábado, 11 de octubre de 2008

sandalias de salsa y un limón

Entre todo este caos que me envuelve últimamente y todas las horas muertas que me ahogan cada día más (culpa mía que sigan siendo muertas, a estas alturas) siempre es bueno recordar que puedo calzarme mis sandalias de suela especial y saltar a la pista con una sonrisa.
Había olvidado que existía una vía de escape a toda esta monotonía.
Bueno, existen dos.
Pero una de ellas me queda a hora y media en tren, y no puedo tomarla siempre que quiero (aunque me salga gratis).
De todas maneras, le he prometido a mi pequeño limón que iré pronto. Estaré allí antes de que logre decir supercalifragilísticoespialidoso tres veces seguidas sin respirar :D
Porque no puedo evitar, por muchas salsas que baile, echar de menos las confidencias bañadas en cerveza, el sombrero de estar guapa, el chaleco amarillo reflectante, las canciones compartidas, las faldas negras, los abrazos y las sonrisas.
Nadie me negará que tiene la mejor sonrisa del mundo. Y que, por tanto, es normal que la eche de menos.
Echo de menos muchas otras cosas, pero no estaba hablando de eso. Estaba hablando de ELLA (sí, con mayúsculas).




Maldito limón, que te has colado aquí dentro sigilosamente... te voy a dar con el clavijero, y con una botella de Canei.
Y vas a verme tan a menudo que te vas a arrepentir de haberme dicho que no me fuera o, que si me iba, volviera pronto.
Ahora te tocará soportarme y darme mi dosis de optimismo, que en esta ciudad me parece que andan mal de provisiones.


P.D. Te dije que me adelantaría.


Qué le voy a hacer, si eres un coco muy entrañable :)