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martes, 8 de febrero de 2011

Cerrando círculos

Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida.

Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto.


Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo.

Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.


¿Terminó tu trabajo?, ¿se acabó tu relación?, ¿ya no vives más en esa casa?, ¿debes irte de viaje?, ¿la relación se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los porqués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas o con momentos de la vida y seguir adelante.


No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos porqué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!

Por eso, a veces, es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.

Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.

Dejar ir, soltar, desprenderse.


En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente...

El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú...

Suelta el resentimiento.

El prender "tu televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte lentalmente, envenenarte y amargarte.

La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando "puertas abiertas" por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción.

¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿necesidad de aclaraciones?, ¿palabras que no se dijeron?, ¿silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo; si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia sino porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.

Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver.


Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo.


Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.

Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.

Es un proceso de aprender a desprenderse y humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad.

Pero cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.

Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad.



¡Esa es la vida!







Cerrando círculos - Paulo Coelho.

lunes, 26 de julio de 2010

Sólo es un charco y también se cruza al revés.

Hoy he cerrado esa puerta por última vez.
Y lo cierto es que me alegro.
Se acabó la soledad. Se acabó el vivir en el silencio más absoluto. Se acabó la impresión de no sentirme en casa. Se acabó el olor a humedad. Se acabó el eco de mis propias palabras rebotando contra las paredes. Se acabó la insoportable sensación de estar en esa casa vacía sin ti.

Volver se ha convertido, desde hace unos días, en una cuestión de necesidad, aunque eso no vaya a hacer que deje de echarte de menos.

Echo de menos los pellizcos. Las burlas sobre mi viejo plano del metro. Los chicles con sabor a Oraldine. Mi nuevo cepillo de dientes amarillo. Reírnos de los semáforos para bicis (con su conductor incluido). Los mensajes por debajo de la mesa. El crujir de tus huesos. El desayuno sobre la mesa del salón y el zumo recién exprimido. Engancharme a series horribles sólo por verlas contigo. Esperarte. Nuestro reflejo en los cristales del metro. Que me saques a bailar.

Entre toda esta incertidumbre que nos envuelve, creo que podría acostumbrarme, sin mucho esfuerzo, a tu innovador sistema de refrigeración, a tus rutinas de piel sensible, a tu pasión por youtube, a tus frases sin vocalizar, a tu obsesión por las zapatillas, a tu pasmosa facilidad para quedarte dormido, a bailar kizomba, a tus ronquidos, a vivir encerrada en un tren de cercanías.
Creo que podría acostumbrarme a ti. Y no por ello dejarías de sorprenderme.

A pesar de las espirales y los puntos muertos, sé que esto es lo que quiero.
Y también sé que hay demasiadas personas en esta ciudad que utilizan el mismo perfume que tú.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Feliz 2010.

Parece que fue ayer cuando me senté delante de esta pantalla para hacer balance de un 2008 que se iba, y aquí estoy de nuevo, depidiéndome del 2009.
Podría decir que es la primera vez que no puedo hacer un balance positivo. Supongo que no ha sido un año tan fácil como cabía esperar.
Cuando comenzó estaba segura de que sería un gran año, que sería mi año. Pero las circunstancias se han empeñado en torcerlo todo desde el primer día hasta el último y, aunque me he esforzado por evitarlo, he acabado comprendiendo que algunas cosas son como son, y que cambiarlas no dependen tanto de uno mismo.
Otras sí.
En cualquier caso, seguiré tratando de aunar todas mis fuerzas para hacer del año que viene un buen año, un año con momentos que recordar, con personas con las que brindar, con recuerdos con los que sonreír...
Y, a pesar de todo, me siento realmente feliz de tener personas al lado que me han dado la mano tratando de sacarme de la espiral que me ha arrastrado en muchos momentos.
A todas esas personas, GRACIAS.
A los de siempre, a los que ya no están, a los recién llegados.
Porque los trabajos, las oposiciones, las pérdidas, las discusiones, los malos pensamientos, las decepciones, los cambios, la soledad... son mucho más llevaderos cuando tienes cerca a la gente que quieres. Y que te quieren.
Brindo por eso.

Feliz 2010.



Hold your own,
know your name,
and go your own way.
Everything will be fine...

lunes, 27 de julio de 2009

otra vez

Me resulta extraño volver a escribir aquí, después de tanto tiempo. No recuerdo cuántas veces me he plantado delante de esta página tratando de decir todas las cosas que se me pasaban por la cabeza, sin lograrlo.
Me gustaban más esos días, cuando no tenía tiempo para pararme a pensar, y mucho menos para escribir aquello que, sin querer, pensaba.
Hace poco más de un año pasé por esta misma situación de incertidumbre, y recuerdo que entonces no me gustó. Y ahora tampoco.
No me gusta tener que volver empezar. No me gusta tener que pensar en millones de opciones a la vez. No me gusta no saber qué pasa. No me gusta que se tuerzan los planes. No me gusta tener miedo. No me gusta estar nerviosa. No me gusta despedirme. Y nunca he hecho una mudanza, pero seguro que tampoco me gusta.
Supongo que hay que aceptar lo que viene, no con resignación, sino con optimismo. Y si esta etapa concluye de esta manera es porque otra empieza. Mejor o peor, nunca se sabe, diferente seguro.
Y aunque es cierto que no soy capaz de acostumbrarme a todo, también lo es que, al menos, voy a intentarlo con la mejor de mis sonrisas.
Que en enero dije que este sería EL AÑO, y aún estoy a tiempo de que así sea.

domingo, 28 de diciembre de 2008

¡chin, chin!


Brindo...

Por los que sonríen y aplauden ante los buenos gestos de los demás y después se dan la vuelta. Por los que aceptan gustosos los favores y olvidan devolverlos. Por los que ven las hazañas de los otros, pero no saben aprender de ellas. Por los que se apoyan en los demás para levantarse, y nunca ofrecen su hombro. Por los que se aprenden tu número de teléfono sólo para llamar en caso de necesidad. Por los que utilizan tu pañuelo para secar sus lágrimas y nunca preguntan si te hace falta un kleenex. Por los que no coinciden conmigo en la definición de amigo, y desconocen el término reciprocidad.

Por los interesados. Por los mentirosos. Por los desagradables. Por los egoístas. Por los falsos.

Hoy, y sólo hoy, brindo por los que se limitan a recibir.



¡Chin, Chin!

miércoles, 24 de diciembre de 2008

sonrisas por Navidad

Lo cierto es que hace años que mantengo una relación de amor-odio con estas fechas, o con los acontecimientos rutinarios que en ellas se suceden.
Procuro siempre que la balanza caiga hacia el lado bueno y, aunque cada año me resulta más difícil, seguiré poniendo todo mi empeño en que así sea.

Además, hoy he sido capaz de volver a escuchar nuestra canción. O mejor, la que yo pensaba que era nuestra canción. Esa canción que antes me perseguía, que por alguna extraña casualidad del destino no me dejaba en paz, que hacía que odiara toda esta historia...
He sido capaz, icluso, de disfrutarla.
Así que, ahora que todo esta empezando, por fin, a cambiar, no puedo hacer otra cosa que sonreir.
Quien nos lo iba a decir, ¿eh?
Sí, a ti y a mí.
Y es que hay veces que tenemos que aprender a soltar lastre para poder ser felices. Yo, de momento, me quedo con las ilusiones, las esperanzas, los sueños y todas aquellas cosas que me hacen sentirme bien.


Así que, a pesar de los pesares...

Feliz Navidad.

:)

lunes, 8 de diciembre de 2008

a propósito de una conversación


"A veces necesito creer que las personas son buenas aunque me decepcionen una y otra vez."

Eso escuché en una serie de televisión, hace no mucho. Y el caso es que yo pienso exactamente lo mismo.

Últimamente no hago más que recibir avisos sobre las personas que me rodean. Contradictorios, por otra parte.
Y lo único que se me ocurre es ignorarlos. Porque, por suerte o por desgracia, yo no sé aprender así. No he sabido nunca y dudo que vaya a empezar ahora.
Siempre he aprendido de las caídas. O mejor, de levantarme después.
Y nada me hará cambiar mi idea sobre las oportunidades. Creo que todos merecemos una. Incluso dos. O nueve.
Por eso prefiero dar ese margen a las personas para que se muestren tal y como son. Y yo espero lo mismo, aunque eso no ocurre siempre.
Pero, claro está, cuando a una se le llena el carro del desencanto y de las decepciones (ya sean nueve, o veinticuatro) también tiene la capacidad para enseñarles dónde está la puerta. Y para asegurarse de que la cierran tras de sí cuando salgan, no sea que se les ocurra volver.

Confiada sí, pero no tonta.

jueves, 13 de noviembre de 2008

a pesar de todo, viviremos en nuestra República feliz

No te lo he dicho, pero me encanta hablar contigo sobre todo lo que nos pasa. Todo lo malo.
Y me gusta porque siempre acabamos dándonos cuenta de que, aunque llevemos días, semanas, meses sin vernos, podemos resumir nuestras historias en una sola historia común que, en el fondo, nos hace incluso gracia.
Es irónico cómo, las personas que no se querían ir, las que no se querían comprometer con nada, son aquellas que han cargado a sus espaldas un montón de maletas y cajas y las han colocado en otro lugar, lejos de aquí.
Y también lo es ver cómo, situaciones similares, avanzan y tienen un final feliz si se trata de los demás y acaban en el mismo punto de la espiral si se trata de nosotras.
O cómo un interés que parece mutuo (y bien digo, parece) acaba desencadenando otra de nuestras charlas, no más de 23 días después.
Entonces volvemos a preguntarnos qué pasa, qué hemos hecho mal esta vez (porque, a estas alturas, también aceptamos que hemos sido nosotras). Y así hasta... hasta que llegue la casa de los gatos, o la hora de vivir con una hermana gemela que cose calcetines.

Mi madre siempre me ha dicho aquello de "mal de muchos, consuelo de tontos". Y no es que me consuele pensando que no soy la única en esta situación, o que me alegre de que, precisamente tú, precisamente vosotras, estéis así, como yo. Pero es cierto que sería mucho peor si tuviera que montarme sola en esta noria (con plazas para cuatro).
Y, en el fondo, pasamos un buen rato dándonos cuenta de que somos un completo desastre para las relaciones, sean las que sean. Y nos reimos. Porque, ¿qué vamos a hacer si no reír?

Además, siempre he pensado (o he querido pensar) que el tiempo pone a cada uno en su lugar, que todo lo que hacemos, bueno o malo, nos viene devuelto de la misma manera. Así que, algún día, esos que están arriba, y no precisamente por méritos propios, bajarán. Y a nosotras nos tocará subir.

Y si no, ¿quién dice que no podamos ser felices en nuestra casa pintada de colores?

martes, 11 de noviembre de 2008

cerrando un nuevo círculo

Siempre he pensado que todo en esta vida sucede por una razón, aunque tengamos que esperar mucho tiempo para descubrir cuál es, y muchas veces ni siquiera lleguemos a saberlo con certeza.
También creo que existe una ilusión que impulsa el motor del cambio y una fábula que lo inspira.
Al menos, así ha sido conmigo.
Pero, como en todo cuento, tarde o temprano llega el momento en que aparece la última hoja y un fin sella la historia.
Y así, otro libro que se cierra.



"Ella salió con la vía láctea tatuada en la cara mientras murmuraba:
¿cómo pueden hablar de lo que no saben?"

lunes, 27 de octubre de 2008

sinsentido

Sonrisas torcidas al bajar el autobús. Un paraguas que se hace más grande cuando llueve. Listas interminables de preguntas sin respuesta. Decisiones a contracorriente. Comer a medias la tortilla. Fotos de días que no recuerdo. Películas que no veremos nunca. Fanta de naranja en los cajones. Olvidarme de regar las razones por las que echar de menos. Las cortinas de lunares que queríamos para nuestro salón. Gente que cree conocerme. Apostar por un camino que no tiene final. Quedarse dormida con el teléfono entre las manos. Lo lejos que están las ranas de las mariposas. Cartas que no llegan. Cepillos de dientes que se quedan cuando tú te vas. Los kilómetros y el avión, otra vez. Razones siempre insuficientes. Hormigas en el colchón. Mensajes por la mañana. Hacer casas de tiza en el suelo. Zapatos de tacón por el pasillo. No dejar de sonreir.

domingo, 5 de octubre de 2008

de vuelta

He recibido tanta información en tan poco tiempo que, de momento, sigo tratando de procesarla (sí, soy de Magisterio).
Lo único que sé es que tratar de relativizar las cosas es complicado cuando acaban de ocurrir. Así que, de nuevo en la lejanía, voy a dedicar estos días a ordenarlo todo. Y hasta aquí puedo leer.
Bueno, no. Puedo (y debo) añadir otra cosa:

Esta guitarra huérfana y delirante
con su terco knock knocking' on heaven's door,
estos dedos que dejan caer un guante
delicado y trashumante
a los pies de un trovador.

[...]

Este contigo, este sin ti tan amargo,
este reloj de arena del arenal,
esta huelga de besos, este letargo
estos pantalones largos
para el viejo Peter Pan.


Y un millón de gracias a los anfitriones y anfitrionas.