Siempre me ha gustado despedir el año echando una rápida mirada hacia atrás y haciendo balance de lo ocurrido:
El 2008 comenzó con otra de esas listas interminables de propósitos que, por supuesto, no me he molestado en cumplir. Es cierto que me apunté al gimnasio, aunque no fui ni un sólo día. Y también es cierto que me propuse estudiar al día (los días que quedaban) para los exámenes de Febrero (los últimos de la carrera), pero siempre me sorprendía a mí misma en algún bar de fiesta, con cerveza en la mano. No sé cómo, siendo de esta manera, me fue tan bien en el cuatrimestre.
El caso es que debido a esos días de fiesta llegaron otros de incertidumbre, de desconfianza y de mal humor, aunque tuve al lado en todo momento a unos cuantos personajes (especialmente un par de personitas que llegaron por casualidad) y que lo hicieron todo mucho más llevadero.
Y mientras el rencor y los bucles empezaban a envenenarme, descubrí Aspace.
Y todo cambió.
Porque gracias a todas y cada una de las personas que acuden allí, pasé los tres mejores meses de mi vida, y descubrí que, efectivamente, quería dedicarme a ello con todo mi tiempo y mi corazón.
Y entonces llegó Abril, y yo no lo sabía, pero a partir de ahí comenzaría una historia que haría que se torciese todo... Aunque eso es otro tema.
También surgió entonces mi interés por el baile, que se convirtió en una pasión imprescindible en mi vida, y que me ha ayudado a ser infinitamente más feliz.
Gracias a un concierto conocí a unos madrileños maravillosos, y pude estrechar lazos con mi familia postiza, lo cual contribuyó a que viviera un montón de aventuras nuevas y de locuras con las que disfruté de una manera increíble.
Y a ese concierto le siguieron muchos más, destacando los festivales inolvidables (por la compañía, sobre todo).
El verano estuvo marcado por un feliz fin de carrera, pero también por un campamento horrible en el que, por suerte, entre toda aquella desesperación, aparecieron cosas y personas que se salvan de tal calificativo, y que consiguieron hacerme sonreír incluso en aquellos días.
Entonces llegó Septiembre, el momento de agobiarse por el futuro, de no saber qué hacer con mi vida... y busqué una vía de escape que me llevó a Valladolid (cada dos fines de semana).
Lo que ha pasado desde entonces es prácticamente imposible de resumir, así que diré que, aunque me haya visto envuelta de nuevo en espirales y en decepciones finales, me quedo con aquellos que me han demostrado que todavía existe un lado bueno en las personas. Me quedo con aquellos que se acuerdan de llamar, que se peocupan cuando las cosas no van bien y que permanecen ahí, pase lo que pase. Con los que llevan muchos años, y con los que acaban de llegar.
Por eso, a pesar de los recientes acontecimientos y de ser un foco atrayente de malas noticias, me quedo con lo que me hace feliz, y lo demás... (como dice alguien a quien adoro) a la basura.
Y así, otro capítulo que se cierra.
Y comenzaré el 2009 con una sonrisa enorme, convencida de que será EL AÑO.
Que lo sé yo :)
¡Feliz Año a todos/as!
a tí, que ya no serás quien fuiste
Hace 11 meses
